«Una auténtica joya»: Hacía tiempo que teníamos ganas de venir a este restaurante pero nunca nos coincidía, por motivos de trabajo el domingo estábamos cerca y fuimos a pedir mesa pero por desgracia la terraza estaba completa, así que volvimos al día siguiente, esta vez con reserva.
Cuando llamas para reservar te preguntan si deseas algo en especial, como el roast beef, solomillo wellington u otra de sus especialidades, en nuestro caso pedimos roast beef y se aseguraron que lo tuviesen para la hora que llegabamos.
Cuando entras en la Pondala a través de su puerta de madera que más bien parece de una casa te encuentras un pequeño bar con algunas mesas, pero lo que no nos esperabamos era que atravesando esa sala accedes a una terraza maravillosa, blanca impoluta rodeada de árboles y vegetación.
El servicio desde que llegamos fue muy amable, he leido comentarios que dicen que sólo atienden bien a clientes de toda la vida, en nuestro caso podemos decir que eramos de los más jóvenes del restaurante -28 años, ya que hay un ambiente mucho más mayor que ronda los 50/60- y era la primera vez que acudiamos, nos sentimos muy a gusto, con un servicio perfecto y amabilisimo, sin favoritismos.
Tomamos el foie de entrante, estaba exquisito, y el roast beef de plato principal (previo encargo), lo sirven con el mejor puré de patatas que he probado en un restaurante; La carne increíble, para una primera visita es obligatorio probar este plato estrella tan afamado.
Lo acompañamos con un Habla del Silencio, que no terminamos y nos pusieron para llevar.
De postre pedimos la tarta de manzana, fina capa de hojaldre con tiras de manzana, canela y azucar servida caliente junto con el contraste del riquisimo helado de vainilla, una maravilla; pedimos sólo uno pero el camarero me notó con ganas de probar, en vez de darme una cucharilla, nos lo emplataron para dos, un detalle que en pocos sitios tienen.
Pagamos un total de unos 90 euros, que van totalmente acorde a la calidad de la experiencia.
No es de extrañar sus ya 125 años; quedamos con ganas de probar los crepes de centollo y el solomillo wellington, será en nuestra siguiente visita.
Aymar B
