La liebre es uno de los animales que se incluyen dentro de la denominada caza menor o de pelo. Pertenece a la familia de los lepóridos y aunque de aspecto parecido al del conejo, siempre presenta un mayor tamaño, así como una constitución más atlética y esbelta. Puede alcanzar velocidades superiores a los 60 kilómetros por hora y realizar grandes saltos de varios metros de longitud.
Concretamente, en la península ibérica pueden encontrarse tres especies de liebres:
– Liebre ibérica: la más extendida y de pequeño tamaño (alcanza los 2 kilos de peso).
– Liebre europea: como dice su nombre la más extendida en toda Europa. Es algo más grande (puede llegar a los 4 kilos) y tiene un color pardo o grisáceo.
– Liebre de piornal: especie endémica de la Cordillera Cantábrica, apareciendo especialmente en cotas superiores a los 900 metros. De tamaño intermedio se caracteriza por su vientre de tono blanquecino.
Historias de romanos
Si volvemos la vista atrás, la carne de liebre era una de las favoritas de los romanos, e incluso antes de los griegos, quienes hacían de este producto uno de los platos más degustados y deseados. De hecho, preferían la textura firme y sabrosa de la liebre a la de otros animales que significativamente hoy en día consideramos más atractivos desde el punto de vista culinario. Curiosamente, y como consecuencia de esto, los romanos criaban liebres en cautividad y pensaban que el consumo de esta especie producía hermosura en el comensal (rasgos de hermosura que se conservaban nueve días… Aviso para navegantes).
Propiedades nutritivas
Al margen de estas leyendas, si cabe atribuir a la liebre otros beneficios muy interesantes (a parte de su delicioso sabor). Así, la liebre posee una carne rica en vitaminas, entre las que destacan las del grupo A y B (con un contenido rico en B3 y B12). Al mismo tiempo, la liebre es altamente rica en proteínas, aminoácidos esenciales y purinas, siendo además muy apreciada por su bajo contenido en grasa (sobre todo si se la comparaba con la del conejo).
En la mesa
La liebre se enmarca dentro de los denominados platos de temporada de caza que en La Pondala están disponibles entre los meses de noviembre a marzo. Unas delicatessen para los amantes del sabor que incluyen, por supuesto, fabes con libre, pero también jabalí asado, lomo de venado o perdices con verdura o escabechada.






